Aristóteles distinguía entre la historia de lo que ha sucedido y la ficción de lo que podría suceder, estando ambas limitadas dentro del concepto (muy histórico, por otro lado), de la verosimilitud. Es aquí cuando entran los criterios subjetivos: lo que es verosímil para ti no lo es para mí, etcétera. Esta distinción entre historia y ficción (entre historia real e historia inventada) es tan imprecisa como imprecisos los límites entre lo fantástico (que es imaginado) y lo real (que es ‘sucedido’).
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